Piermario Morosini: una historia triste y común en el fútbol

Piermario Morosini perdió prematuramente a sus padres, deambuló por el fútbol italiano y murió sobre el césped en pleno partido.

Hay historias que comienzan mal, pero terminan bien. Otras, comienzan bien y cierran con finales trágicos. Ambas son tristes, o al menos tienen esos momentos. Pero hay otras que comienzan mal, nos hacen pensar que van hacia el desenlace esperado y terminan tan mal como su inicio. O peor. A este último grupo pertenece la vida de Piermario Morosini, dentro y fuera de las canchas de fútbol.

Tenía solo 15 años cuando su madre, Camila, murió de manera inesperada en el 2001. En 2003, fue su padre quien perdió la vida súbitamente. El corazón de Aldo dejó de latir sin siquiera dar un preaviso, algo que hiciera pensar a la familia lo que vendría. Eran tres hermanos, ahora huérfanos, y Piermario tenía que cargar con la familia. Carla María y Francesco eran discapacitados.

A las pocas semanas de la partida de Aldo, Francesco no soportó y decidió quitarse la vida. Así, dejó a Piermario y Carla como únicos sobrevivientes entre dos años trágicos para el apellido Morosini.

El deambular de Morosini en el fútbol de Italia

Solo a 4 años de la ida de su madre, Morosini ya tenía una carrera con futuro en el fútbol profesional. Formado en las inferiores del Atalanta de Bergamo, su ciudad natal en Italia, destacaba por su intensidad (de no ser así, su posición privilegiada de mediocentro le habría resultado naturalmente ajena) sobre la cancha. Otro de sus atributos más mencionados era su capacidad de hacerse querer por sus compañeros.

Por falta de oportunidades, pasó luego al Udinese, donde debutó en 2005. Esa temporada, la 05/06, Morosini alcanzaría a disputar un total de 8 partidos con el conjunto en el que compartió vestuario con Antonio Di Natale: 5 por la Serie A, 2 en Coppa Italia y uno de Copa UEFA (hoy Europa League).

Nunca convenció completamente. Al año siguiente comenzaría su eterno deambular en el país europeo. Siempre en Serie B (segunda categoría), pasó por Bologna, Reggina, Vicenza, Padova y finalmente Livorno, con muy breves pasos de vuelta por Udinese (dueño de su ficha todos esos años).

Sus registros totales en la segunda división hacen pensar que pudo recibir algunas ocasiones más. Pero no lo dejaron mostrarse en el primer nivel del balompié de Italia: 136 partidos, 30 tarjetas amarillas y una sola expulsión por doble amonestación. Ninguna roja directa. Números apropiados para alguien con sus características y tareas sobre el césped.

Además, formó parte de la selección italiana en todas sus categorías entre sub-17 y sub-21. Con la azzurra participó en un total de 56 partidos, incluyendo encuentros de Eurocopa sub-21. Su participación, sin muchos aspavientos, daba la impresión de que en algún momento podría vestir la camiseta absoluta. Pero la Serie A le estaba negada y, con ella, la selección nacional.

Morosini llegó a participar con las inferiores de la selección italiana. Foto: open.online.

Final prematuro

El 14 de abril del año 2012 se jugaba el partido por la jornada número 35 de la Serie B, entre Pescara y Livorno. Morosini era parte del equipo visitante, que buscaba mantenerse lejos del descenso contra uno de los más fuertes del torneo. Ese rival tenía en sus filas a tres jugadores hoy grandes del fútbol italiano: Insigne, Inmobile y Verratti.

El Livorno sorprendía con dos goles en los primeros minutos de partido, y todo parecía en su favor. Pero a los 31 del primer tiempo, en plena carrera cerca de Verratti pero lejos del balón, Morosini caía al suelo de manera repentina. Intentó levantarse una, dos veces, para caer finalmente tendido.

Los médicos ingresaron al terreno e intentaron revivirlo. Y, aunque la entrada de la ambulancia fue impedida por un momento por la presencia de un carro de policía, finalmente lo subieron y trasladaron al hospital de Pescara. Pero los esfuerzos fueron en vano.

«Un minuto más o menos en la ambulancia no habría significado nada. Su corazón se paró y no volvió a latir», dijo el cardiólogo Leonardo Paloscia, quien atendió al futbolista, citado en una nota de la agencia de noticias EFE.

Antonio Di Natale durante un homenaje a Morosini. Foto: Sky Sport.

Así cerraba una historia triste de principio a fin, aunque la partida física de Morosini todavía dejaba un cabo suelto: Carla María. La hermana mayor de Piermario quedaba ahora totalmente huérfana y sin forma de valerse por sí misma. No obstante, el excompañero de su hermano y uno de los grandes referentes en la historia del Udinese, Di Natale, se hizo cargo de ella.

«Mario era como un hermano para mí. Le apreciaba de una forma especial, por  todo lo que había sufrido y porque era un chico estupendo. Su hermana lo era  todo para él», dijo Di Natale citado por la AFP dos días después de la muerte del mediocampista, anunciando así que asumiría la custodia de Carla María, además de haber solicitado a todo el fútbol italiano que apoyaran a la última de los Morosini.

La estadística que nadie quiere

Desde que en 1973 falleciera el español Pedro Berrueza en pleno partido en la ciudad de Pontevedra, muchos han sido los casos. Aunque la cifra parece ir en claro aumento.

Tan solo unas semanas antes del incidente de Piermario Morosini, en Inglaterra el jugador de origen congolés Fabrice Muamba cayó de repente durante un partido con el Bolton, aunque finalmente logró sobrevivir.

En mayo de ese mismo año, la FIFA revelaba una escalofriante cifra de 84 futbolistas muertos en pleno partido o durante un entrenamiento en todo el mundo durante los últimos 5 años (desde 2007), con una media de edad de las víctimas de 24.9 años.

Lo peor, es que para entonces solamente 19 federaciones nacionales tenían un registro médico de esos casos, por lo que la cifra ciertamente podía ser muchísimo mayor.

Por citar solo algunos de los más emblemáticos casos, en 2007 fue el español Antonio Puerta, dos años más tarde su compatriota Dani Jarque, pero antes de ese período estuvo también la muerte del camerunés Marc Vivien Foé, en un partido de su selección contra Colombia.

En 2013, el ecuatoriano Christian Benítez murió tras sufrir un paro cardíaco a los 27 años. Aunque no fue durante un partido o entrenando, hizo saltar las alarmas por la salud de los futbolistas profesionales, cuya tendencia de afecciones se ha ido intensificando.

El ex del Real Madrid Rubén de la Red, quien además formó parte de la selección española que ganó la Eurocopa en 2008, tuvo que cerrar su carrera a los 25 años por una afección en el corazón. Por la misma razón, el nigeriano Kanu estuvo a punto de retirarse. Solo la detección a tiempo de su padecimiento permitió que la superara, tal como pasó más recientemente con Dani Carvajal.

Sin embargo, los números de muertes por problemas cardíacos en futbolistas sigue siendo una preocupación latente. La acompaña una interrogante insistente: ¿tanta tecnología y constantes exámenes físicos en el fútbol no bastan para evitar escenas como las de Morosini?

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