Nos negaron el grito de gol

El primer gol como profesional de Deyna Castellanos se vivió a destiempo: acá la historia detrás de la historia.

Parece increíble, ¿verdad? Quizá nos tome por sorpresa después de varios años acostumbrándonos a su nombre, luego de verla hacer hazañas de profesionales en las canchas de fútbol. Incluso representando a la selección nacional mejor que muchos de los jugadores “estrella” que nos venden en cuñas como salvadores de la identidad nacional, promesas de un fútbol venezolano que no ha terminado de ser.

Aunque parezca increíble, es cierto. Hace unos días Deyna Castellanos marcó su primer gol como futbolista profesional con el Atlético de Madrid. Han sido tantos los goles que ha logrado con la Vinotinto, su dominio cada vez que pisa una cancha, que diera la impresión de que fuese una jugadora con una trayectoria más larga. Parece extraño porque, hasta hace poco, sus goles eran gritados por los aficionados y estudiantes en una universidad de Estados Unidos y otros pocos que la siguen desde las redes sociales.

Ahora Deyna juega en la Primera Iberdrola, la máxima categoría del fútbol femenino en España. Sus goles serán vistos por miles de personas en todo el mundo. Bueno. Eso pensábamos. Pero no es así porque hay un detalle: en esa primera jornada de la nueva temporada no hubo transmisiones de los partidos. Solo uno tuvo ese “honor”. El del Atleti, donde juega la venezolana, no fue el caso.

El gol, esperado desde hace varios años, se tuvo que vivir a destiempo. Uno mayor al que toma a una cámara capturar una imagen en movimiento dentro de la cancha, transmitirla a un satélite y que llegue a nuestras pantallas. Solo unas pocas cámaras lograron, a lo lejos, ver el primero.

Las redes sociales fueron su único medio de difusión. Todo llegó sin vida, fuera del tiempo de celebración, como un hecho aislado entre tanto contenido sinsentido de Twitter, como un mensaje perdido que nos encontramos por casualidad y no era con nosotros. Pero sí era, sí lo queríamos. Solo que no así.

En el fútbol, como en otros deportes, la emoción está en la sorpresa. El gol llega casi como una afrenta a la rutina de pasar un balón de un lado a otro, de una pierna buscando a la de la compañera, mientras la jugadora rival intenta destruir lo que llevas tanto tiempo construyendo: el intento de gestar esa sorpresa.

El grito de gol es la razón de ser de este deporte. Digan lo que quieran de otras emociones: balones al poste, paradas impresionantes, gambetas que rompen los tobillos rivales. Las emociones abundan y no dependen necesariamente del balón moviendo las redes. Pero sin gol, estamos ante una gesta fallida.

El ascenso de Deyna: gloria anticipada

Deyna tiene apenas 21 años. Los cumplió en abril, ya como jugadora de la plantilla del equipo español. El asunto es que la estamos viendo desde hace 7 años, cuando ganó el primero de sus dos campeonatos sudamericanos Sub-17.

Balón de Bronce, Bota de Bronce y mejor gol de la Copa del Mundo Sub-17, de la cual fue dos veces semifinalista; jugadora del año en la United Women’s Soccer, del fútbol universitario estadounidense; finalista del premio The Best –la más joven hasta la fecha– y el Puskás, al mejor gol del año; embajadora de FIFA y Conmebol; su currículo era ya envidiable apenas estrenando la mayoría de edad.

Su relación con el gol es natural. No solo por su capacidad de anotar en situaciones de todo tipo, sino porque lo gesta cuando las rivales menos lo esperan. Por ejemplo: al minuto 93, de mediacancha, con un golpe directo tras el saque, luego de que Camerún empatara el partido contra Venezuela, en plena Copa del Mundo juvenil.

Los goles de Deyna no son solo oportunos. También los hace de forma consecuente. Lo muestra su registro como máxima goleadora histórica tanto en Copa del Mundo como en el Sudamericano Sub-17 y los Juegos Olímpicos de la Juventud. ¿Queda claro el nivel de expectativas que despertaba su paso al fútbol profesional?

Deyna en Madrid: ¿éxito garantizado?

Gran peso el que había sobre los hombros de una muchacha de apenas 20 que firmaba su primer contrato como futbolista. Llegó al Atlético de Madrid en enero. En sus primeros partidos participó poco. Esta vez debía ganarse el puesto. Entonces, llegó la pandemia y frenó en seco su adaptación al fútbol profesional.

No es fácil pasar de torneos cortos, alternados con las clases universitarias; a partidos cada fin de semana, a veces otro entre semana, entrenamientos diarios, a doble jornada; nuevas dietas, ejercicios y exigencias.

Estuvo solo en 5 partidos, con muy pocos minutos, antes del parón y posterior suspensión de la temporada en el mes de marzo.  Luego, cuando el fútbol de alto nivel fue volviendo poco a poco, estaba por llegar otro momento muy esperado: su debut en la Champions League.

Tampoco sería posible. Días antes del partido entre el Atlético y el FC Barcelona, Deyna y 4 de sus compañeras dieron positivo al coronavirus. Entre ellas, Virginia Torrecilla, de quien hablaremos más adelante. La eliminación en ese partido pospuso el debut en Europa para la siguiente temporada, que aún esperamos con ansias.

La que no esperó fue ella, quien aprovechó todos los meses de “inactividad” para dedicarse a mejorar su cuerpo. Sus rituales de entrenamiento tuvieron testimonio permanente en sus redes sociales: el nivel de exigencia era altísimo. Incluso tas el positivo.

Ya habían pasado más de 7 meses sin que la delantera jugara al fútbol cuando llegó la primera jornada de la nueva temporada. A las expectativas de la propia venezolana, ansiosa por volver a su ritmo de futbolista, se sumaba la memoria de la derrota europea y una amenaza más grande que el coronavirus: Torrecilla se enfrentaba al cáncer. Un tumor en el cerebro del que fue operada en mayo, en pleno confinamiento.

Los días previos al partido contra el Espanyol fueron emotivos. El nombre de Virginia era la palabra común entre las jugadoras del Atlético. Hacerla sentir orgullosa era la premisa que se desprendía de toda declaración en torno a la nueva temporada.

El Atlético comenzó el partido con mucho ímpetu, rondando el área rival con insistencia. Y aunque estuvo cerca en algunas ocasiones, fue un atrevimiento de Deyna el que rompió el empate: sin dejarla caer, cruzó un balón al poste contrario. Gol que valió la victoria y los primeros tres puntos del campeonato.

En las redes sociales, había una celebración agridulce. Nos enteramos de los detalles a cuentagotas: primero, un tuit del club anunciando el gol; luego, la primera foto, la segunda, la tercera. Deyna en el aire, celebrando; Deyna en abrazo grupal con sus compañeras; Deyna con una camiseta en alto. Era la número 14 de Virginia. ¿Y el video? Llegó minutos después, pasado el momento de celebración original.

  • Deyna Castellanos celebra su primer gol como profesional

¿Podemos imaginar un mundo sin registro televisado del primer gol profesional de Messi o  Cristiano, o incluso sin la primera gran parada de Iker Casillas, los primeros regates de Ronaldinho? ¿Y si no pudiéramos seguir de cerca el crecimiento de jugadores como Mbappé, Haaland, Ansu Fati?

“Que siete meses después del último partido vuelva la competición y no tengamos televisión para ningún partido de la jornada del sábado (y de momento tan solo una para la del domingo), hace la vuelta mucho más agridulce. ¿Cómo podemos estar peor que antes?”.

Estas palabras de la periodista Chantal Reyes parecen resumir con claridad la decepción de miles de personas, una afición que ve en el fútbol jugado por mujeres más que una cosa rara marcada por el género, un deporte de nivel como cualquier otro, con sus estrellas, rivalidades, decepciones y emociones: fútbol a secas.

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