Un libro para regalar de cumpleaños

Leí otros libros de Tabucchi y no me gustaron tanto como Sostiene Pereira. Y durante un tiempo lo regalaba en los cumpleaños de mis amigos.

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Extracto de la adaptación gráfica de ‘Sostiene Pereira’

Hubo una época en que sólo regalaba un libro a mis amigos en sus cumpleaños: Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi, la edición liviana de Anagrama. Porque es una novela que no tarda mucho en devorarse, y que expresa un paisaje no muy cercano al lector venezolano, a más ñapa caraqueño, pero que tenía un fondo político interesante y convulso, muy bien descrito a partir de la melancolía activa del protagonista. Los olores de tortillas portuguesas no se apartan de mi memoria sensitiva desde la primera lectura.

Creo haber regalado el libro unas tres veces, porque el bolsillo no dio para más. Sin embargo, siempre me ha parecido que regalar libros es lo más barato que puede hacerse en esos casos, pues ese objeto llamado libro tiene una longevidad poco apreciable a la vista que, con el pasar de los años, se convierte en costumbre de biblioteca. Es el complemento que siempre estuvo contigo y nunca te pidió nada, salvo cuando recorrías sus páginas.

La historia está inserta en Portugal, década de 1930. Una dictadura sangrienta con el nombre de Estado Novo llegó para quedarse unas cuantas décadas. Tabucchi cuestiona, con las tribulaciones de Pereira, no a la figura de António de Oliveira Salazar, sino a la opresión de una entidad mayor que corre en las arterias europeas.

(…) porque el país callaba, no podía hacer otra cosa sino callar, y mientras tanto la gente moría y la policía era la dueña y señora. Pereira comenzó a sudar, porque pensó de nuevo en la muerte. Y pensó: esta ciudad apesta a muerte, toda Europa apesta a muerte.

Fragmento de Sostiene Pereira (1994), novela de Antonio Tabucchi

El autor nunca ocultó la intención política de la novela, por más que el lector no quiera ver sino palabras bonitas juntas armando una historia. Lo que llama la atención de Sostiene Pereira es que su intencionalidad explícita está muy bien camuflada con las turbaciones del protagonista.

Leí otros libros de Tabucchi y no me gustaron tanto como Sostiene Pereira. Esa singularidad también me hace apreciar aún más esa novela. Sin dejar de reconocer el genio literario del italiano, prefiero las rudas contestaciones de la Italia de Pier P. Pasolini a la portuguización sistemática de Tabucchi. En ese sentido, Sostiene Pereira es un íntimo retrato de una Portugal salazarista, sinónimo del fascismo que brotó en Europa en la primera mitad del siglo XX. Lo italiano, en este caso, viene por retruque.

Todo eso se puede apreciar en la película, protagonizada por Marcello Mastroianni.

Sin duda, la mayor ventaja de ver la versión fílmica del libro es el soundtrack de Ennio Morricone, el papá de los helados del espaghetti western.


En algún momento leí que hicieron una buena adaptación al cómic o novela gráfica, como quieran llamarle. Pero no me hizo falta tampoco por las experiencias ya ganadas de un libro bien logrado y una película cuya música es para embelesados.

El hecho de que Pereira sea un periodista que al final de la historia huya de Portugal, quizá a las barricadas republicanas de la guerra civil en España, por decir la verdad, hace que el final sea de una heroicidad inusual ante escenarios ficcionales donde prevalecen las tinieblas.

Por estas razones regalaba esa novela en cumpleaños durante una época como recomendándolo, aunque actualmente no haría el mismo gesto con ese libro. Pertenece a la biblioteca de la memoria, y nada más, hasta nuevo aviso.