Cómo ganarle a las farmacias en cuatro generaciones

Esta es una historia de cómo la medicina vitalista puede llegar a suplantar los dogmatismos occidentales en cuanto a la salud se refiere.

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Foto: VIN JD / Pixabay

El precedente

Mi abuela siempre fue de esas personas de ungüentos hechos en casa, bálsamos mentolados, baños de asiento y, sobre todo, té.

Ahora de adulta entiendo su necesidad por hacerse de todos los artificios caseros conocidos para combatir tantas enfermedades: la medicina occidental y la industria farmacéutica de la que hace uso no fue suficiente para aliviar todos sus males. No lo es todavía.

Es por eso que siguiendo sus consejos, aunque escépticamente, comencé a hacer uso de esta medicina popular, muchas veces mal vista por los más dogmatizados, obteniendo mayores o menores beneficios en mi primera juventud.

Tratamiento de por vida

Estaba comenzando la universidad cuando me encontraron un nódulo en el cuello y, después de varios exámenes, fui diagnosticada de hipertiroidismo.

Yo ya conocía esta enfermedad con su tratamiento de por vida: mi abuelo estuvo más de veinte años tomando pastillas para la tiroides, para la tensión y para cada alteración en su organismo que se sumaba a medida que se le acumulaban los años.

Cuando trajimos del hospital a la casa las pertenencias que nos quedaron de él al morir, teníamos una bolsa repleta de cajas de medicamentos que consumía. Mi abuelo se murió amarillo. Al final, su hígado estaba intoxicado al no poder procesar tanta medicación.

La medicina occidental y la industria farmacéutica no es suficiente para aliviar todos los males. Foto: Arek Socha / Pixabay

Yo no iba a pasar por lo mismo. Encontré una fundación de acupuntura cerca de la universidad y obstinadamente desafié a mi familia al no ir a un endocrino primero. Fui sin saltarme ninguna cita una vez por semana, durante dos meses, a cada sesión.

Luego me repetí los exámenes de sangre: todo en orden. Me repetí el eco: ningún rastro de nódulo.

Practicando en casa

Me olvidé de la acupuntura cuando casi al azar encontramos una terapeuta a domicilio que nos atendía a todos en casa, aplicando acupuntura, moxa, sistema de flores. Yo comencé estudios de acupuntura, siempre sin creérmelo mucho.

Mi madre tiene hígado graso, por lo que evita tomar pastillas. Un día me pide que le ponga “unas agujitas” para el dolor de cabeza. “A Dios rogando y con el mazo dando”… Me ocupo con lo aprendido esperando que funcione y, para mi sorpresa: ¡Funciona!

No hemos renunciado a la medicina convencional, pero nos hemos quitado varios dolores, insomnios y ansiedades. A mi hijo ya no le damos antihistamínicos ni esteroides cada vez que tiene rinitis y tos por su alergia crónica. Un poco de moxa, mucho de té. Y cada vez que mejoramos siento que somos más fuertes y que podemos ganarle a las farmacias.