Lo que sabes y no sabes sobre el colibrí

Te sorprenderás al conocer todo lo que es y significa esta ave para Suramérica.

BannerCiencia y tecnología

Por:

Imagen: Pixabay/ Wikimages

Cuando todas las cosas fueron creadas, faltaba alguien que llevara los deseos y pensamientos de un lado a otro. Los dioses ya no tenían barro ni maíz, así que tomaron una piedra de jade y con ella tallaron una flecha muy pequeña. Al terminarla, soplaron sobre ella y ésta salió volando.
Leyenda Maya

Cuando ves un colibrí, ¿qué piensas? Seguramente «qué cosita tan bonita, chiquitica y débil», o te da igual. Yo, cuando veo un colibrí, pienso: menos mal son de ese tamaño.

Ya su complejidad empieza por su nombre «colibrí», palabra aún de origen incierto, según el diccionario de la RAE de origen Taíno. Otros dicen que viene de Francia, del Occitano Colobro (Culebra). Pero la mayoría parece acordar que sí viene del Caribe y su sinonimia es picaflor o pájaro mosca.

Entre sus filas, hasta ahora, se encuentra el vertebrado más pequeño del mundo (el Mellisuga helenae, nativo de Cuba y mide de 5-6 centímetros pesando de 1.6 a 2 gramos). Todos son de patas débiles y pichones del tamaño de un centavo que, a las ocho semanas, dejan definitivamente el nido para buscar un nuevo hogar. Parecieran ser inocentes e inofensivos.

Lo que seguro ya sabías

Existen 343 especies y todas se encuentran en el continente americano. Desde Alaska hasta Tierra del Fuego, no hay lugar que se les resista. Su esperanza de vida no pasa de los cinco años, aunque a veces pueden durar unos 12.

Sus picos son finos, largos, cortos, curvos o una combinación de todas éstas, especializado en obtener néctar y pequeños insectos de determinadas flores. Su lengua es bifurcada, es decir, se divide en dos, lo cual facilita el tránsito del néctar.

Tienen la tasa metabólica más alta del planeta, ya que su corazón, que representa del 2% al 5% de su masa corporal total, late entre 500 a 700 veces por minuto en estado de reposo, y hasta más de 1 mil veces por minuto cuando está activo, por lo tanto su requerimiento de oxígeno es mayor al de cualquier otro tipo de vertebrado. Son capaces de hacer 500 respiraciones por minuto. Todo esto para poder ser las únicas aves capaces de aletear de 60 a 80 veces por segundo, ser extremadamente rápidas (de 20 a 30 millas por hora) y poder moverse como les da la gana: arriba, abajo, atrás, adelante y a los lados.

Por esta forma de vida absurdamente rápida, se tienen que alimentar incontables veces, consumiendo hasta tres veces su peso corporal por día. Imagina que tuvieras que consumir unos 130 kilos de comida diariamente para sobrevivir… ellos, literalmente, pueden morir todos los días si no consumen una gran cantidad de alimento.

Ahora imagina la hora de dormir: a ese ritmo, si un colibrí duerme no come, entonces se muere. Pero eso no pasa, porque los bichitos bajan su frecuencia cardíaca (metabolismo) en una proporción 1/15 a su frecuencia normal (más de 1 mil veces por minuto) y entran en un sueño profundo. Esto también puede suceder si hay escasos recursos alimenticios o, si son atrapados, «se hacen los muertos».

Su plumaje es brillante e iridiscente, sin embargo pueden hacerlo brillar u oscurecer según sea el momento y son una de las principales polinizadoras del continente.

Se han adaptado a una serie de comportamientos sociales que van desde los ermitaños hasta una compleja organización social, según la especie, llegando a ser muy territoriales y agresivos: sí, agresivos.

Lo que seguro ni te imaginabas

Su lengua es tan larga que debe arrollarla en una cavidad que posee en la cabeza, y es controlada por un gran conjunto de músculos que ocupan una cantidad considerable de espacio en sus cráneos. Además tienen el cerebro más grande entre las aves: el 4.5% de su tamaño corporal.

Su esqueleto no está completamente osificado, y tienen un esternón híper desarrollado, como todas las aves voladoras, pero aquí sus músculos pectorales pueden representar hasta el 40% de su peso.

Al momento del cortejo, hacen demostraciones de vuelo donde ascienden a considerable altura y después descienden hasta 27 metros por segundo, además de que pueden alcanzar 200 aleteos por segundo estáticamente. Nadie es más fitness cortejando que un colibrí.

Además esas cositas migran, unas 2 mil millas de distancia de Florida a Yucatán, sin parar. Muchos de ellos mueren en el intento, pero otros regresan, lo que es sin duda una proeza más que increíble.

Como ya había mencionado, los colibrís son extremadamente territoriales, raya en el mal humor extremo. Son muy irritables y no se soportan entre sí, ni aguantan a las demás especies. Los machos, sobre todo, se atacan con furia en pleno vuelo. A veces pueden llegar a luchar incluso hasta la muerte.

Yo personalmente he visto cómo atacan en época reproductiva a grandes aves como las rapaces, ganando la pelea. Ni tan inocentes, ni tan inofensivos.

Otro dato que seguro ni habías pensado gira en torno a su buche o molleja. Resulta que, físicamente, sería casi imposible que un ave tan ligera que se mueve con tal rapidez mientras come, no se desnuque en algún momento. Casi imposible.

El buche de estas aves se ubica en la parte superior del cuello y su movimiento, mientras el ejemplar come, es contrario al movimiento de la cabeza, siendo un soporte físico que amortigua el latigazo de la velocidad. Impresionante.

¿Cómo fue que evolucionaron semejantes máquinas?

Fue gracias a las plantas.

Desde el punto de vista de la estrategia evolutiva de una planta, si ofreces un néctar súper alimenticio y muy poco accesible, forjas poco a poco una portentosa anatomía y fisiología que te garantice una clientela fija que transporte tu polen sin descanso. Co-evolución y selección natural.

Lo más interesante de imaginar es cómo se fue dando esta co-evolución, tomando en cuenta que los colibríes no llegaron al continente americano como colibríes, sino que, de acuerdo con los registros fósiles, lo más probable es que sus ancestros hayan sido originarios de Europa o Asia y después se desplazaron a Suramérica y se esparcieron por gran parte del continente, al tiempo que se extinguieron en el otro lado del Atlántico.

Este es el resultado de una investigación (publicada en la revista Current Biology) en la que han participado científicos de las universidades de California, Nuevo México, Estatal de Luisiana, Michigan y la Universidad de Columbia Británica, donde estudiaron los mecanismos evolutivos que han operado a lo largo del tiempo y espacio de esta familia de aves. Estos científicos han determinado que, hace 22 millones de años, el ancestro común de todos los colibríes llegó a América del Sur y comenzó así la diversificación de la especie en la región de los Andes.

Lo que demuestra que estos pájaros tienen una gran capacidad de adaptación, ya que no sólo se han propagado de forma continua en nuevas áreas geográficas, sino que se «han ido reinventado a lo largo de su historia y a pesar de que comen lo mismo, pueden coexistir hasta 25 especies en el mismo nicho ecológico», comenta uno de los investigadores.

Y, para hacerlo más interesante aún, resulta que a esos ancestros no les gustaban los sabores dulces, pero un estudio reciente (publicado en la revista Science) de Maude Baldwin, estudiante de posgrado de la Universidad de Harvard, propone un enfoque que podría facilitarnos el trabajo de imaginar esta co-evolución.

En pocas palabras, la mayor parte de los vertebrados poseen genes de la familia T1R, una familia de proteínas que en diferentes combinaciones producen células que responden a un sabor específico. La combinación de T1R1 con T1R3 sirve para detectar sabores salados, mientras que la combinación T1R2 con T1R3 detecta azúcares.

Tras estudiar el genoma de 10 especies diferentes de aves, Baldwin encontró que las insectívoras y granívoras tienen los genes T1R1 y T1R3, pero carecen del gen T1R2, fundamental para saborear lo dulce. Entonces, ¿cómo el colibrí detecta el sabor dulce si carece del gen T1R2?

Para averiguarlo, Baldwin recurrió a la ingeniería genética, descubriendo que los receptores T1R1 y T1R3, los que en otras especies captan aminoácidos, en los colibríes tienen una mutación que invierte los sabores. Es decir, a lo mejor los ancestros de colibríes también frecuentaban las flores pero en busca de insectos, y al comerlos quizás consumieran néctar accidentalmente con cierta frecuencia; la aparición de una mutación les habría permitido degustar ese líquido como nueva fuente de energía complementaria y hacerlos evolucionar en ese sentido.

Imagen: Pixabay

Cuenta una leyenda guaraní que la muerte no es el final de la vida, pues el hombre, al morir, abandona el cuerpo en la tierra pero el alma continúa su existencia, se desprende y vuela a ocultarse en una flor a la espera de un mágico ser. Entonces aparece un Mainimbú (colibrí) y recoge las almas para guiarlas al paraíso, por eso siempre está volando de flor en flor.

No tengo nada contra los colibríes pero no son ni de cerca mi ave favorita, quizá porque me recuerda a nuestra propia especie, sin embargo los admiro enormemente. Pero es que un animal tan potente, siempre al límite, irritable, además a cargo de las almas, de las ideas y pensamientos del mundo… menos mal son de ese tamaño.