Cómo inició mi camino hacia la meditación

¿Te ha pasado que te levantas consciente de la belleza que existe, pero es opacada por otro lleno de mezquindad y violencia?

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La meta no es la altura, la meta es el centro.

Carl Gustav Jung

¿Te ha pasado que te levantas todos los días consciente de la belleza que existe en el mundo, pero es opacada por otro lleno de mezquindad y violencia? Este último mundo se convierte en el “pan de cada día”, e inevitablemente te consume, al punto de ser parte de ese cuerpo mezquino y/o violento o ser extremadamente vulnerable a una explosión de emociones producidas por tu pelea diaria contra ese cáncer mundial.

La cabeza se te llena de preguntas, teorías, soluciones, dudas, ansiedad, párrafos que en algún momento leíste y se quedaron estampados, insomnio, más dudas, más ansiedad y ninguna solución. Pero finalmente entendí algo con lo que me había topado hace tiempo, pero que no había comprendido en absoluto: la Meditación.

Haces una búsqueda por la red y sabes que en la cultura occidental la palabra meditación viene del latín meditatĭo, que originalmente indicaba un tipo de ejercicio intelectual, pero que también es empleada en la traducción de conceptos provenientes de prácticas espirituales asiáticas como el Dhyana, que se define como el trabajo de la conciencia dirigido a su desarrollo en el camino hacia la plenitud y hacia la unión con el todo… ¡qué lindo y bello suena, pero no me aclara nada!

Luego encuentro un texto publicado por la Escuela de Filosofía Aplicada para la Excelencia del Ser Humano, para el que la práctica de la meditación es “un proceso de experimentación mediante el cual entramos en contacto con aspectos y estratos, tanto de nosotros mismos como del universo, a los cuales no es posible acceder por otros medios”. Y, okey, esto lo entiendo más, y me pregunto: ¿qué estratos? ¿Del universo, en serio?

Con lo que sí estoy más familiarizada es con la ciencia, e inmediatamente recordé a Carl Jung. Entonces, si el fundamento de la meditación es hacer que el ser humano alcance mayores grados de perfección y plenitud, a través del entendimiento del inconsciente y la conciencia universal, ¿cuál es el argumento científico de esto?

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Los caminos ancestrales de un universo colectivo

Según Sigmund Freud, el inconsciente es el lugar de reunión de contenidos olvidados y reprimidos, y por otra parte Carl Jung plantea que el inconsciente se divide en dos estratos: el inconsciente colectivo de naturaleza universal y el personal, que a su vez reposa sobre el colectivo. El inconsciente colectivo tiene contenidos y modos de comportamientos comunes en todas partes y en todos los individuos, es decir, es un lugar común de los seres humanos de todos los tiempos y lugares del mundo, representado por símbolos primitivos (los famosos arquetipos) con los que se expresa un contenido de la psique que está más allá de la razón. Entonces recordé una segunda cosa que me apasiona: las comunidades ancestrales de mi país.

Las comunidades ancestrales del mundo eran y son portadoras y reproductoras de diversos conocimientos espirituales, y unas de sus principales estrategias de enseñanza era, y sigue siendo,  el arte. Como varios filósofos lo han afirmado, el arte es el medio más directo para expresar la espiritualidad, por lo tanto, muchas expresiones artísticas ancestrales provienen de ese inconsciente colectivo que une a todos los seres vivos.

En el caso de Venezuela, esas comunidades nos dejaron los petroglifos, los cuales nos cuentan historias, nos muestran pensamientos e ideas a través del tiempo y se encuentran en lugares sagrados porque se realizaban prácticas espirituales en ellos. Hablan sobre astronomía, dioses, fuerzas naturales, del cosmos, el culto a los antepasados y de chamanes.

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El chamán, esa figura de gran sabiduría espiritual capaz de guiar a otros a sus propios dominios espirituales, y que instruye sobre las luchas espirituales a su pueblo.

Estos dos recuerdos de aparente forzada articulación, fueron realmente los que me ayudaron a comprender el tránsito hacia el autocontrol de las emociones para iniciar el camino de la meditación, que no es otra cosa, desde mi punto de vista, que activar todas las capacidades creadoras para así acceder al conocimiento de nuestra propia espiritualidad y, en consecuencia, la del mundo que nos rodea.

Porque Jung sigue teniendo razón: somos como pueblo un cúmulo de experiencias que se alimentan entre sí, desde el inicio hasta el fin de los tiempos.

A partir de allí, no han dejado de pasar por mi vida innumerables experiencias y aprendizajes sobre el manejo de mi ansiedad a través de la meditación, de lo cual seguiré contando en próximas publicaciones.