Fabricio Coloccini y la defensa de los principios

Melodramas

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¿Recuerdan al defensor argentino Fabricio Coloccini? El mismo jugador alto de rizos que se convertía en una muralla defendiendo la camiseta de la selección de Argentina y de varios equipos europeos, hoy en día luce los colores del equipo de sus amores: San Lorenzo de Almagro. Hace poco leí una entrevista que le realizó en 2017 el medio argentino El Gráfico donde expresaba aspectos más allá de los futbolísticos, su afición por la lectura y la historia, el amor incondicional a su familia, así como sus ideales firmes en cuanto a su visión crítica ante el ambiente de corrupción en el fútbol, los errores del arbitraje y la concepción que tienen algunos clubes en cuanto al trato de los jugadores. Ya son 17 años como profesional, hombre caracterizado por defender su verdad, le han tocado episodios en que ha sido pisoteado, pero resiste y pelea. Así fue cuando debutó con Boca Juniors (en su primer juego anotó un gol ante Unión de Santa Fe el 19 de junio de 1999, y fue  su único partido con ese club) teniendo problemas con la cúpula dirigencial, entre ellos el hoy presidente de Argentina Mauricio Macri, que lo condujeron a irse del club teniendo 17 años rumbo al AC Milan. Fabricio es una persona relajada que además tiene un buen léxico, no sufre de los aires de divo y es un consciente en toda su expresión (es que lo también hemos podido percibir en entrevistas publicadas por YouTube). «El fútbol es el deporte que amo y es también mi trabajo»; es practicante de la constancia: «Es lo que uno debe hacer cuando tiene objetivos. Tuve compañeros que eran mucho mejores técnicamente… Pero, bueno, esto es un trabajo para superarse día tras día. Eso es también lo que les inculco a mis nenes», afirma Coloccini, quien fue medallista de oro en las olimpiadas de Atenas. Su talento para el juego también lo heredó de su padre, Osvaldo Coloccini, ex jugador y director técnico quien siempre le enseñó «el hecho de ser competitivo. Mi viejo es un tipo que no puede perder. Cuando jugamos al fútbol, mis amigos reniegan: ‘Dejate de joder, Osvaldo. Si hacemos lo que nos pedís, estaríamos en el Manchester United’. Ese espíritu de competencia lo heredé de él». Por su parte ha dado declaraciones directas en cuanto a la corrupción en el mundo del fútbol, denunciando el enriquecimiento por parte de dirigentes y federaciones: «La hipocresía, la corrupción… Muchas veces se hacen movimientos tan grandes de dinero que desaparece la plata. Me gustaría que todo fuese más transparente. No se trata de decirles ladrones a unos o a otros. El sistema no está bien y hay que cambiarlo. De hecho, los resultados se ven ahora». Seguramente, también su voz de protesta no es solo ante los dirigentes de su país; sin duda también también lo proyecta contra la FIFA y sus acciones delictivas perpetradas por años, recientemente descubiertas. Es un hombre religioso. Cuando consigue algún logro realiza una especie de procesión desde la ciudad de Córdoba hasta la capilla de la gruta de la Virgen de Lourdes en Altagracia. Es un trayecto de 38 a 40 kilómetros, algo que inició en 1999 cuando debutó en el fútbol profesional. Fabricio es un jugador con valores, motivador fuera y dentro de la cancha, a sus compañeros más jóvenes les ha aconsejado que terminen sus estudios, expresándole que no pierdan el tiempo para luego no arrepentirse. Es de aquellos que ha visto con preocupación el reclutamiento de jugadores de edades muy cortas como 11, 12 ó 13 años, insistiendo que es un factor negativo en su crecimiento y afecto familiar. Hoy sobrevive al olvido, pero su gallardía lo han hecho fuerte y seguir en la cancha, el espíritu indomable y defensor, sigue vivo. Vamos Coloccini, eres grande.