Comencemos a meditar

Esta vez te daremos los primeros pasos para dummies sobre cómo empezar con la meditación.

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El demonio no es tan negro como es pintado.
Dante Alighieri en La Divina Comedia

El estrés y la angustia: el gran problema y la peor enfermedad de nuestra sociedad moderna.

Bajo condiciones normales, la presencia del estrés libera un cóctel hormonal en situaciones de peligro que nos ayudan a sobrevivir. Sin embargo, cuando es prolongado, termina inhibiendo nuestro sistema inmunológico permanentemente, además de causar bloqueos físicos y emocionales.

Aquí el estrés no es el malo de la película y la angustia no se hace sola. Los demonios no se autoinvitan; nosotros los creamos y muchas veces los obligamos a permanecer a nuestro lado.

Ciertamente, estamos rodeados de situaciones muy fuertes, pero todo lo que nos afecta lo hace más de la cuenta porque nuestras prioridades están mal planteadas, y mientras estemos mental y emocionalmente inestables, no podremos darnos cuenta de lo realmente esencial y lo alcanzable que son las soluciones a esas fuertes situaciones.

A estas alturas del siglo XXI volvemos a lo que fue y nunca ha debido dejar de ser. La medicina actual ha empezado a considerar a la meditación y técnicas de relajación como los métodos terapéuticos más eficientes para controlar lo que es la enfermedad más común y letal del planeta.

Meditar no es fácil, porque tenemos que luchar con los demonios que nosotros mismos creamos, pero tampoco es más complejo de lo que te imaginas, ya que esos demonios en realidad sí quieren ser derrotados.

Entrenar tu mente

Habíamos hablado anteriormente de que existen diferentes etapas meditativas, la analítica o concentrativa y la unificadora o contemplativa, es decir, primero hay que calmar la mente y luego alcanzar la visión superior.

Iniciemos entonces con la primera etapa, en donde debemos encontrar aquellos símbolos culturales que nos conecten con nosotros mismos y utilizarlos como objetos de atención, los cuales someteremos a un proceso analítico.

Escoge tú el tiempo de análisis, no seas demasiado ambicioso; si no, te frustrarás. Comienza con dos minutos, en donde tratarás de conducir tu mente a un estado de concentración profundo pensando sólo en tu símbolo escogido.

Durante esos dos minutos conócelo, detállalo, piensa por qué es tan bonito o lo que representa para ti. Si viene un pensamiento distinto a tu cabeza (bueno o malo), reconócelo pero déjalo pasar rápidamente y vuelve a tu objeto. Una vez que logres concentrarte en esos dos minutos, aumenta unos segundos más a tu proceso analítico.

Esto te ayudará a iniciar el entrenamiento de tu mente, para la real meditación.

Paralelamente, se debe trabajar en el control de la angustia y estrés diario, que muy probablemente no te dejen avanzar en tu proceso de calma mental. Para ello, la actividad física y la creatividad son primordiales. También lo es entender que todo lo malo que te aflige es parte de la vida y de lo que nos hace crecer… entonces, no es tan malo, ¿verdad?

Muévete para encontrar tu flujo

Diferentes investigaciones psiconeuronales con deportistas de alto rendimiento y músicos profesionales han desarrollado el concepto de «el flujo», que no es más que momentos de máximo rendimiento donde el control de las emociones es total y están al completo servicio del aprendizaje. Es como un estado de trance profundo, que viene acompañado de un sentimiento de alegría espontánea.

En ese momento, el sujeto se encuentra completamente abstraído en la actividad que realiza, en máximo estado de atención, perdiendo la noción tiempo-espacio.

Para lograrlo no tenemos que ser deportistas o músicos, simplemente tenemos que enfocarnos totalmente en una tarea, eso nos va liberando de toda inquietud.

Luego vamos poco a poco adquiriendo destreza en lo que estemos haciendo, dominar cada movimiento.

La destreza nos irá paulatinamente alejando del pensamiento excesivo en lo que estamos haciendo, y una vez que el o los movimientos estén completamente dominados, disminuye el esfuerzo cerebral y  por lo tanto no hay pensamiento que pueda interrumpir ya nuestro proceso de concentración: mente y acción se funden… se da «el flujo».

Obviamente esto ocurre con la práctica y la constancia.

Una vez que ya dominamos determinada técnica o rutina se volverá aburrida, por lo que es el momento de incorporar nuevas formas. Sin embargo, si lo que decidimos hacer es prolongadamente complejo, esto nos causará ansiedad.

Y eso es precisamente lo que pasa cuando un día decides que vas a meditar y ya quieres que te salga como Sai Baba.

Teniendo esto en cuenta, es el momento de aplicarlo en nuestras vidas. Entonces, incorporemos actividades físicas (que liberan hormonas asociadas con estados de felicidad) a nuestra primera etapa meditativa, como el yoga o actividades de alto impacto (training, kickboxing, etc.), donde podamos adquirir destrezas en cada uno de los movimientos o rutinas aprendidas e ir aumentando nuestro tiempo de concentración mental.

Por ejemplo, si decides practicar yoga, además de tus clases guiadas, escoge una cantidad pequeña de asanas y ejecútalas diariamente en tu casa hasta que domines tu rutina de tal forma que ya sea espontánea para tu mente y cuerpo.

Con las actividades físicas de alto impacto ocurre que, debido a la rapidez de los entrenamientos, llega un momento en que sólo te concentras en las indicaciones del o la entrenadora y en los movimientos que ejecutas.

[Por favor, no se inicien en estas actividades físicas sin la guía de un conocedor del área.]

Así mismo ocurre con las actividades creativas como la música, el arte, la escritura y las manualidades.

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Para iniciar cualquiera de estas acciones no tenemos que ser expertos, solo debemos tener la disposición de hacer o aprender cosas nuevas. Además, muchas de ellas tienen el plus de que tienes que «salir», lo cual es de mucha ayuda si estás en un proceso ansioso-depresivo.

Máxima concentración

El truco es que cada cosa que hagas, la hagas con la máxima determinación, siempre listo para hacerlo cada vez de la mejor forma posible.

Así aumentarás los estados de concentración a lo largo de tu día. No de gratis los monjes tibetanos consideran hasta las rutinas de limpieza del templo, una forma de meditación.

De esta manera verás que cuando llegue el momento del proceso analítico de tu objeto de atención, cada vez será mucho más fácil calmar tu mente. Ese será el primer gran paso para adentrarnos en la compleja segunda etapa meditativa.

Introducirnos en la segunda etapa no será posible sin trabajar nuestros nudos emocionales y el reconocimiento de quiénes somos y dónde estamos emocionalmente. Pero para ello tenemos que tener la capacidad de calmarnos.

Así que además de generar destrezas en rutinas cotidianas o actividades físicas y creativas, por ahora descubre el real color de tus demonios y haz que se presenten.