Fracaso de Argentina: las causas están en la dirigencia, no en los jugadores

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La derrota ante Francia pone fin a un ciclo de 10 años de la selección Argentina, con Lionel Messi. Un grupo muy exitoso en resultados (una final de Mundial y tres finales de Copa América) pero que nunca pudo ganar un título. Ya son 25 años desde que Oscar Ruggeri levantara la última copa conseguida por la mayor Albiceleste. Fue en la Copa América de Ecuador 1993. De hecho, este equipo lograba retener su título logrado en Chile 1991. Argentina venía de ser subcampeona en Italia 90, tras la gloria máxima alcanzada en México 1986. Era el equipo de Diego Armando Maradona. Un lapso, 1986-1993, lleno de logros que colocaba a la Albiceleste en lo más alto del mundo y en la cima del continente. Un dato: había un proyecto.

Maradona levanta la última Copa del Mundo que tiene Argentina, conseguida en México ’86.
Foto: Bob Thomas/Getty Images

Hace más de 40 años, César Luis Menotti (campeón del mundo en 1978), un gustoso por la estética en el fútbol, el buen fútbol, le dio a la selección Argentina una identidad con toques de balón, juego colectivo y ataque, sin especular el resultado, donde el fútbol se juega 4-4-2 y lo inesperado no tiene sentido. El «Flaco» estuvo casi 10 años al frente de la selección (1974-1983), desarrollando un proyecto y dándole a Argentina una identidad que aún es referencia en un mundo que espera verla jugar siempre de esa manera.

Pasarella, histórico defensor argentino. Foto vía xenen.com.ar

En 1983, Carlos Bilardo asumió las riendas del equipo, dándole un golpe al estilo de juego de Menotti. Prioriza el resultado, lo táctico, sobre el buen fútbol. Muchas críticas le salieron al paso. Antes de México 1986, los medios y la fanaticada pedían su salida de la selección, al mismo tiempo que criticaban que la capitanía se la dieran a Maradona sobre Daniel Passarella (parecido a estos últimos años). Bilardo salió al paso y pidió tiempo para trabajar con el equipo. Realizó muchos módulos con jugadores del fútbol local (no eran tiempos del fútbol globalizado). Hizo que el equipo fuese rígido tácticamente con una línea de 5 en el medio campo (con Maradona libre) para romper el juego del rival y que la tuviera Diego. Tuvo cuatro años para poder preparar su 3-5-2 y ganar en México ’86; y cuatro años más para llegar a Italia ’90. Un proyecto de 7 años (1983-1990) que lo llevó a dos finales mundialistas y un campeonato mundial. Alfio Basile tomó el equipo en 1990, sufriendo la conmoción de la suspensión de Maradona para toda actividad futbolística en 1991 y, más adelante, en el Mundial EEUU 1994. Tuvo que armar un equipo muy distinto al de Bilardo y sin el 10 (lo llamó para el repechaje mundialista contra Australia). Allí, con otro tipo de jugadores (Batistuta, Simeone, Leonardo Rodríguez, Astrada, Redondo, Fernando Cáceres, Ramón Medina Bello), Basile regresó a la escuela de Menotti, con el juego de toque, vistoso y el 4-4-2. Un proyecto que lo llevó a un Mundial, dos finales continentales y dos campeonatos en la Copa América. Daniel Pasarella asumió las riendas del equipo en 1994, desarrolló su proyecto (cuatro años) y clasificó al Mundial de Francia 1998. Menotti sigue siendo el ideario de cómo se debe jugar. Marcelo Bielsa asumió el equipo en 1998 para el nuevo ciclo. Por las características de los jugadores que tenía la selección, Bielsa revolucionó con un sistema 3-3-1-3, con lo cual hizo unas eliminatorias mundialistas contundentes (ganó 13 de 18 juegos), estables (primero durante toda la eliminatoria) y goleadora (42 goles). Lamentablemente, Argentina quedaría eliminada en la fase de grupos del Mundial Corea-Japón 2002 (desde 1998 pasan dos por grupo). Tras este golpe enorme para el fútbol argentino, Bielsa fue ratificado en su cargo, al cual renunció en 2004 (seis años) y fue sustituido por José Pékerman, quien estaba haciendo una extraordinaria labor, un proyecto, con las divisiones inferiores (DT campeón sub 20 en 1995, 1997 y 2001, y campeón sub 20 en 2005 como Coordinador de Selecciones). Con Pékerman, Argentina fue a Alemania 2006. El juego exquisito de Juan Román Riquelme y un equipo acoplado (lo mejor de Argentina como selección), convirtió a la Albiceleste en favorita. Un error táctico en el partido de cuartos de final contra Alemania (saca a Riquelme, el 10, y mete a Cruz, un 9, con el marcador a favor 1-0) lo sacó del Mundial. De allí en adelante, algo pasó en el fútbol argentino. No hubo más proyectos en la selección. Casualmente, coincide con la aparición de Lionel Messi. Alfio Basile (2006-2008), Diego Maradona (2008-2010), Sergio Batista (2010-2011), Alejandro Sabella (2011-2014), Gerardo Martino (2014-2016), Edgardo Bauza (2016-2017), Jorge Sampaoli (2017-2018). Siete (7) entrenadores en 12 años. Cuatro (4) entrenadores en el último ciclo mundialista.

7 técnicos en 12 años y 4 en el ciclo de Rusia 2018: clara crisis para la dirigencia del fútbol albiceleste

¿Qué proyecto se puede desarrollar?

Algo falla en la dirigencia del fútbol argentino desde hace 12 años. Se contó con el mejor futbolista de esta generación, con jugadores con sobradas cualidades que los hacen figuras en los equipos donde juegan. Pero los títulos no llegan. Las tres finales (Brasil 2014, Chile 2015 y EEUU 2016) y el oro olímpico Pekín 2008, son producto de los jugadores y dos técnicos (Sabella y Martino) que sí tenían un proyecto, pero renunciaron a la selección. La realidad hoy: no hay proyecto. No existe una decisión que permita desarrollar un planteamiento táctico definido, una pizarra que diga cómo se debe parar la selección y para qué, cuál es la función de cada uno, cuáles son las jugadas que los identifican. Solo existe la búsqueda de un resultadismo inmediato. En la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) parece haber intereses que se acercan más al comercio y se alejan del fútbol. Empresarios, políticos, constructoras, autoridades gubernamentales, «barras bravas», los favores prometidos, los «aprietes». Elecciones con 75 votos autorizados, pero con un escrutinio que quedó 38 a 38. Todo ello forma parte de la dirigencia del fútbol argentino. Extraña que la prensa, los medios, acusen y critiquen a los jugadores y al cuerpo técnico de la selección, pero callen ante los que tienen el poder de tomar las decisiones.