Anatomía de la ansiedad (I)

Conoce a profundidad lo que sucede en nuestro cerebro cuando aparece la ansiedad, junto con recomendaciones claves a la hora de abordar nuestros problemas.

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Imagen: TheDigitalArtist/Pixabay

¿Quién le enseñó eso, doctor?
El sufrimiento –respondió en seguida el médico.

Albert Camus, La Peste

El autocontrol es un tema que a nivel personal nos gusta evadir por todo lo que involucra, sin embargo es la clave fundamental para la meditación y/o la salud mental-física, la cual a su vez depende del entendimiento de las emociones, es decir, nadie controla algo si no sabes qué es y cómo funciona.

Yo no decidí «volverme hippie» (según mi esposo) de un día para otro. Ocurre que hace 5 años vi morir larga y dolorosamente, para remate en mi lugar favorito en la vida, a un amigo. No fue la primera vez que me enfrenté con la muerte, pero sí la primera que la vi a los ojos. Esto generó el trauma normal que podría generarle tal situación a cualquiera, pero en mi cerebro ocurrió algo que yo ignoraba y unos meses después experimenté mi primer ataque de pánico.

Los ataques de pánico son producto de la ansiedad, que es un reflejo de la angustia: una emoción.

Según la entrevista a la psiquiatra Daymar Padrón en este portal, puede haber angustia por factores externos como eventos naturales, la situación económica o de vivienda, o preocupación por alguien. Ese tipo de angustia es el que la gente puede identificar con más facilidad. Pero están los factores internos, como un miedo o un conflicto, podemos sentir angustia por cosas que nos hayan ocurrido desde nuestra vida fetal o al inicio de la infancia, sólo que eso se va guardando en la memoria de manera inconsciente; por eso a veces sentimos angustia y no sabemos por qué.

La buena noticia es que, contrario a lo que la palabra implica, el autocontrol es liberador: sí, nos libera de la angustia y tiene una razón científica. ¿Por qué esto es importante para meditar? Porque eso que te hace casi imposible meditar así sean 10 segundos, es la angustia.

El origen de la ansiedad

Hablemos rápidamente de la evolución del cerebro:

1. Médula espinal: de cuando no existían cerebros.

2. Tronco encefálico: funciones vitales básicas, reacciones y movimientos automáticos, es decir, solo mantenía el funcionamiento del cuerpo y supervivencia del individuo.

3. Tronco encefálico + sistema límbico = córtex: el lóbulo olfatorio del tronco encefálico se comenzó a desarrollar hasta rodearlo por completo. Este es el sistema límbico, el responsable de nuestra vida emocional, del aprendizaje y de la memoria.

4. Córtex + lóbulos prefrontales = neocórtex: una parte del sistema límbico, el rinencéfalo, se desarrolló hasta formar los lóbulos prefrontales, responsables de la planificación, la estrategia a largo plazo, el racionamiento, del ser pensante. El neocórtex matiza nuestra vida emocional.

Estudios neurocientíficos recientes han descubierto un «atajo», que en realidad es un camino muy antiguo de aquel cerebro primitivo.

En nuestro cerebro, el camino normal ante una situación (cualquiera) es: ojos u oídos — tálamo (torre de control del sistema límbico) — neocórtex. El neocórtex planifica la respuesta, la hace llegar al tálamo y desde allí se activan las glándulas necesarias para generar dicha respuesta.

Pero existe un caminito primitivo entre dos estructuras del sistema límbico: la amígdala y el tálamo. Este caminito permitió y sigue permitiendo respuestas instantáneas a situaciones de peligro; esas respuestas que llamamos reflejos o esas que llamamos miedo (protección o huida) y lucha.

Este atajo consiste en: ojos u oídos — amígdala/tálamo. La amígdala hace un golpe de estado, cierra todo tipo de comunicación entre el tálamo y el neocórtex y pone a su disposición todo el cóctel de hormonas de las glándulas controladas desde el sistema límbico. Esto genera un estado total de emergencia, aumenta el ritmo cardíaco, y la respiración, y se va desarrollando según el contexto.

La amígdala es nuestra memoria emocional desde tiempos remotos, por eso se comporta de tal forma, pero si no está controlada por el neocórtex en situaciones que no son de peligro, se convierte en un grave problema.

¿Esto qué quiere decir? En nuestra sociedad actual llena de descontrol emocional, la angustia estimula la activación de este atajo y una vez que se activa cuando el peligro no es real, cualquier situación ínfimamente parecida la vuelve a activar. Consecuencia: ansiedad y pánico.

Identificar dónde comenzó todo

Les cuento todo esto, porque fue lo que me ayudó a identificar qué fue lo que pasó en mi cerebro aquel día, pues no sabía que había ocurrido. Y una vez identificada la emoción y lo que provocó físicamente, fue que pude empezar a sanarme.

Imagen: Pixabay

El inicio del autocontrol es, aquí, en la identificación. Y el primer trabajo es no dejar que ese caminito se active, siempre respirar y dejar que el neocórtex reaccione y haga su correcto trabajo: matizar nuestras emociones, liberarnos de la angustia.

Ir a un(a) psiquiatra o psicólogo(a) es fundamental, sí, pero más importante aún es estar conscientes de la totalidad del problema, sólo así estaremos convencidos de que tiene arreglo y que depende totalmente de nosotros.

Yo personalmente decidí junto a mi psiquiatra no ingerir medicamentos y tomé el camino largo, tedioso pero seguro: el de conocer mi cuerpo, emociones y mente, aprender a controlar mis visceralidades.

Varias herramientas uso para dicho fin, las cuales he estudiado desde el punto de vista científico y, por supuesto, se las contaré en próximas publicaciones.