Nunca fue Álvaro: su verdadero nombre es Alba

Como Álvaro dejó el fútbol durante 8 años. Pero ahora como Alba es pionera para el mundo futbolístico.

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Foto: geralt/Pixabay

Siempre lo supo. Podía haber nacido como «Álvaro», pero en realidad era Alba.

Incluso durante sus 13 años en el equipo masculino de fútbol Pozuelo de Alarcón. «Algo no encajaba, mi cabeza y mi cuerpo no iban en la misma dirección, pero fui creciendo sin saber muy bien lo que me pasaba», dijo hace unos meses entrevistada por una revista futbolera en el país europeo.

Hoy Álvaro es parte del pasado, pero no fue tan simple. Pasó mucho tiempo antes de que ese nombre diera paso a su verdadera identidad.

Alba recuerda un episodio que la marcó. Desde muy pequeña. Apenas tenía 7 años cuando, durante un entrenamiento con Pozuelo, su vista se dirigió hacia la cancha de al lado. Allí estaba, un equipo a su medida:


Fue clave para mí. Cuando las vi jugar, sentí que yo debía estar ahí con ellas. No pasa nada por estar con los chicos pero es algo que se siente. Con siete años ya observaba a las mujeres y su cuerpo y me preguntaba por qué no podía vestir igual, por qué no podía tener el mismo cuerpo que ellas

Alba Palacios

Primera futbolista trans en España.


Un «hasta luego» a las canchas

Un día decidió que ya no podía más. Se retiró de su gran amor, el balompié, un mundo profundamente machista. En el fútbol masculino, dice, «todavía hay mucho que aprender, tienen que dar un paso y no ser tan machos y tan hombres y tienen que dedicarse a jugar al fútbol y ya está».

Fueron en total 8 años, aunque su pasión por el balón no le permitía alejarse del todo. «Necesito tener un balón en los pies, correr y jugar. Me da oxígeno, siempre me lo ha dado. Me refugiaba en él», alega.

Volvió para jugar semiprofesional, pero a poco tiempo de comenzar la temporada tomó la determinación de comenzar el proceso: dejaría su vida -más de 30 años- como Álvaro atrás para ser completamente ella misma.

Entonces llevaba ya más de una década con su pareja, una mujer heterosexual que respondió ante el anuncio con un directo: «te quiero». Nada las alejaría. Tanto, que ella misma le dio el impulso faltante para emprender el cambio de sexo y poder verse al espejo como quien siempre quiso ser.

«¿Y a ti qué te pasa? ¿Me tomé un yogur caducado durante el embarazo?». Esa fue la primera reacción de su madre al recibir la noticia. De eso han pasado casi tres años. Y ya va para dos de iniciado el proceso. Por ley, Alba podrá ser Alba una vez cumplido ese segundo plazo.

«Mi madre estuvo casi un año sin hablarme y mi padre sí me dijo que me apoyaba, pero siempre desde la distancia». Casi tres años después, su madre no podía contener las lágrimas con el primer gol de Alba en Las Rozas, equipo con el que debutó siendo mujer. La primera mujer trans en marcar en el fútbol profesional español, aunque no en la Liga Iberdrola, principal del país europeo.

«Hola, ¿me aceptáis?»

«Alba será una más». Esa fue la respuesta de una de las jugadoras de Las Rozas ante la posibilidad de incorporar a Palacios en el equipo. Su entrenador, David, estaba seguro de que la jugadora habló por todas sus compañeras aquella vez, y el tiempo le ha dado la razón. A él se acercó Alba tras ver un partido del equipo desde las gradas con una pregunta muy simple: «hola, ¿me aceptáis?».

Alba durante una charla técnica con Las Rozas. Foto: Los Replicantes.

No solo la recibieron como a una más, sino que su adaptación fue bastante armónica. Solo había una mancha: su participación se limitaba a los entrenamientos. El nombre Álvaro seguía pesando en su documento de identidad (todavía lo hace). También hay quienes consideran que tiene «ventajas» por «ser hombre». A esas personas, Alba solo les recuerda: no saben lo que es tomar cinco pastillas diarias. Dos para frenar la testosterona y tres cargadas de estrógenos.

Pero la Comunidad de Madrid se amparó en la ley de Identidad y Expresión de Género y la ley contra la LGTBIfobia para darle el derecho a jugar. Eso sí, aunque juega con su ficha de Álvaro, su uniforme contempla cuatro letras: Alba.

Ese nombre breve, el verdadero, aunque le recuerda a quién fue por 30 años, ya figura en la historia del fútbol y es insignia de una victoria que trasciende a la propia Alba. Ella lo sabe: “No me conformo con ser una pregunta de trivial: ‘¿quién fue la primera jugadora trans que metió un gol?’”.