«La acupuntura solo produce un efecto placebo»: ¿mentira o verdad?

El método científico occidental discrimina el resto de formas medicinales que usan datos no verificables para lograr equilibrio en el cuerpo. ¿Tiene la razón?

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Foto: Gan Telya / Pixabay

La razón de los más críticos

No juzgar. Fácil de decir, difícil de cumplir; porque se supone que esta premisa debería ser aplicada a cada circunstancia en nuestras vidas. Pero cada vez que nos encontramos con contextos y prácticas desconocidos, lo primero que cae pesado y contundente es la tela del juicio.

Aún más si eso a lo que nos enfrentamos resulta una posible amenaza a nuestra seguridad. Nuestra memoria se hace cargo de toda la información que ha recibido y así decidimos qué está bien y qué está mal.

Entiendo que, primitivamente, casi cualquier posición que tome en contra o a favor de algo o alguien responderá a mi pulsión de vida. Y si hay algo que alarga y mejora nuestra existencia es la medicina. Hay medicamentos para los dolores, las inflamaciones, para mejorar el estado de casi cualquier órgano o función de nuestro cuerpo, medicinas testeadas, concentradas, efectivas, rápidas.

Si esto es lo que he aprendido, difícilmente puedan convencerme de que en la medicina indigenista en Venezuela funcione, por ejemplo, esa especie de imposición de manos que usan los pemones para sacar del cuerpo de un niño el espíritu que le está provocando un cólico o una fiebre. Lo mismo da para el reikí, por mencionar otra práctica.

Elegir la muerte

La acupuntura no dista mucho de estos métodos sin basamentos científicos. Su técnica consiste en insertar agujas en ciertos puntos del cuerpo. Los puntos no son azarosos, siguen el curso de los meridianos, que son canales energéticos que recorren al hombre, porque lo que hace la acupuntura es eso: reestablecer la energía del organismo.

Suena como algo inasible y, de hecho, lo es. No hay estudios científicos que respalden que todos estos puntos estén siquiera relacionados con terminaciones nerviosas. Y aquí es significativo recordar que en este lado del charco el cerebro se considera como el órgano más importante, capaz de regir la funcionalidad del resto de los órganos del cuerpo humano.

Ilustración: Hernán Kirsten

Sin embargo, en la medicina tradicional china el órgano más importante es el corazón, pues este alberga el Shen, es decir, el espíritu del hombre; y un Shen equilibrado permite la capacidad de pensar y sentir de manera clara. En las medicinas vitalistas, el pensamiento y las emociones son los que mantienen o desarmonizan el cuerpo, provocando enfermedades o manteniéndolo sano.

Los fundamentos del razonamiento occidental y el vitalista se sostienen con argumentaciones diferentes. Verificables y no verificables, nos diría el método científico. Y hemos sido formados bajo este último criterio. Elegir un tipo de medicina no verificable sería como elegir la muerte. ¿Efecto placebo?

Las muestras: «Creer para ver»

Un glóbulo de azúcar, meditación, un tabaco carburándose a poca distancia de la piel, asanas, baños con ramas o sal marina, unas manos que recorren un cuerpo o que se imponen en lugares específicos, una oración, un retiro espiritual. Nada de eso parece medicina, pero todo puede sanar bajo el principio de «creer para ver».

Las medicinas anteriores al estudio científico que hoy conocemos fueron estigmatizadas por una forma de pensamiento que necesitaba desestimarlas para poder tomar fuerza y convertirse en emporios económicos y de poder. Es así como fueron relegados los curanderos populares, parteros, sanadores, que ahora existen representando a las poblaciones ignorantes o periféricas que solo tienen un espacio en el mundo para ser admiradas por su excentricismo.

Pareciera que algunos de estos métodos de sanación funcionan como la intuición, sin certezas, pero de manera acertada; así como hay otros que pueden ser explicados, como la farmacopea, la fitoterapia y la fisioterapia. Por suerte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) le ha otorgado a las terapias complementarias una importancia satelital, pero a fin de cuentas reconocida.

Los más adeptos a la medicina convencional seguirán ridiculizando las prácticas alternativas. Pero lo cierto es que algunas han sido practicadas por miles de años y otras, más recientes, también han obtenido buenos resultados.

Incluso muchos médicos se inclinan cada vez más a ser pacientes con los síntomas y a darle la oportunidad al cuerpo de que sane sin intervenciones farmacéuticas o quirúrgicas. Entonces, habrá que revolucionar los principios que determinan nuestro instinto de supervivencia.